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Agosto

Intranet EntrenosIntranet Entrenos / NoticiasNoticias 2015AgostoÁngela Restrepo contagiará su curiosidad a la Universidad de los Niños
25/08/2015

Por las dep​endencias

Ángela Restrepo contagiará su curiosidad a la Universidad de los Niños

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En las Conversaciones con los grandes de la ciencia, de la Universidad de los Niños, han participado este año Juan Luis Mejía Arango, rector de EAFIT; y Andrés Roldán Giraldo, director de Parque Explora. Foto cortesía periódico Alma Máter.

La investigador​a colombiana es la invitada a Conversaciones con los grandes de la ciencia, programa que hace parte de la celebración de los 10 años de la Universidad de los Niños.

​• La cita es este jueves 27 de agosto, a las 4:00 p.m. en el auditorio 103 del bloque 38. Los niños serán quienes guiarán este diálogo con una de las pioneras de la investigación en el país.

El optimismo, la disciplina y el gran gusto por la investigación de Ángela Restrepo Moreno serán compartidos este jueves 27 de agosto, a las 4:00 p.m. en el auditorio 103 del bloque 38, cuando ella responda las preguntas que tienen preparadas integrantes de la Universidad de los Niños. 

El encuentro hace parte de la programación con la que este programa de la Institución celebra sus primeros 10 años de historia en la que los niños se enamoran de la ciencia a través de las preguntas. 

En la siguiente entrevista con participantes de la Universidad de los Niños, la investigadora cuenta cómo se le contagió la curiosidad por la ciencia, en especial por ese hongo microscópico que ha estudiado durante más de 40 años, el Paracoccidioides brasiliensis.  

“Fui una de las pocas personas que sabían qué querían hacer desde el comienzo. Mi abuelo, Julio Restrepo Arango, al que conocí cuando ya estaba muy viejito, fue el segundo médico que se graduó en Colombia. En esa época los médicos tenían su propia farmacia porque no había productos farmacéuticos disponibles, sino que tenían que fabricarlos. En una casona muy grande, que era de la familia, el abuelo conservaba su farmacia. Se podía ver a través de un vidrio y yo, como buena muchacha necia, iba a preguntarle a las tías: "¿Qué es aquello? ¿Para qué sirve?”. 

Así cuenta la investigadora qué fue lo que más le llamó la atención: un microscopio de la época de Pasteur, “el más hermoso del mundo entero, aunque no sé cómo hicieron para descubrir lo que descubrieron porque por ahí no se ve nada. El microscopio del abuelo se quedó grabado en mi mente. Supe que eso era lo que me gustaba y empecé a leer cositas que tenían que ver con ciencia”. 

Y agrega: “Me acuerdo de un libro que existe todavía: Cazadores de microbios, de Paul de Kruif. Eran historias de personas de la vida real que habían hecho descubrimientos en la Microbiología. Eso me agarró; no tuve que escoger. Sabía desde cuarto o quinto de primaria que quería ser microbióloga”. 

Al terminar su bachillerato, Ángela estudió Técnicas de Laboratorio, para luego hacer su práctica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Más adelante viajó a Nueva Orleans para estudiar un máster con una beca con la Agencia Internacional para el Desarrollo (Usaid).

“Volví a trabajar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y al cabo de dos años ya me había dado cuenta de que todavía quería más, que la investigación era muy importante para mí. Entonces me devolví a hacer el doctorado que terminé en 1964 para regresar a trabajar al mismo lugar”, dice. 

Hacer preg​untas

Una de las cosas que más valora esta científica es saber hacer preguntas. La pregunta, en sus palabras, es el motor que mueve todo: por qué y por qué. “Entonces el maestro que le dice a ese muchachito: "Deje de fregar, no pregunte tantas cosas, eso ya está listo", se está arruinando al muchachito, porque lo lindo es hacer preguntas y pensar que con la capacidad que tiene el ser humano es posible llegar a una respuesta. Eso, absolutamente, es el motivo de la ciencia y la investigación: la pregunta”. 

Y, aunque Ángela no tuvo hijos, ni sobrinos (por ser hija única) afirma que admira y quiere a los niños. “La experiencia más grande con ellos es ahora con el colegio que "me dio" (Sergio) Fajardo, que lleva mi nombre. Tienen un turno de 1200 muchachitos que pululan por todas partes y es un colegio lindísimo, grande, bien cuidado, con unas maestras para las que va mi admiración porque no les importa tener que viajar dos horas para llegar hasta ese corregimiento, y se transforman cuando empiezan a trabajar con los niños”, comenta.

De su pasión por lo que hace ahora, la investigadora aduce que se encarretó con los hongos porque había muy poquita gente en Colombia que estuviera trabajando con ellos, fuera de los patólogos, y había un microrganismo que estaba olvidado. “Este hongo producía una enfermedad muy parecida a la tuberculosis, inclusive la mayoría de los pacientes eran tratados primero como tuberculosos y cuando no reaccionaban se pensaba en un segundo diagnóstico”. 

Entonces se encarriló por el que ha sido su tema de estudio toda la vida, una enfermedad que suena rarísimo, la paracoccidioidomicosis. El  agente que la causa es el hongo Paracoccidioides brasiliensis, llamado así porque la enfermedad fue descrita inicialmente en el Brasil.

“A uno le enseñan cuando está en las universidades desarrolladas, como me tocó a mí en Estados Unidos, que si un trabajo no se publica es como si no existiera; usted perdió el tiempo. Hay que comunicar lo que encontró para que eso sirva de elemento en la construcción de ese edificio que es la ciencia. Las publicaciones son absolutamente indispensables y eso lo aprendí y se lo he dado a mis alumnos. Y mientras mejor sea la revista, más difusión tiene”.

Ángela admite que una dificultad que tienen las personas que hacen ciencia es que no saben hablarle a la gente común y corriente. “Es decir, utilizamos términos tan supremamente difíciles de comprender que no somos capaces de comunicarnos directamente con ellos, sino que siempre estamos en la esfera de los médicos, los bacteriólogos, los microbiólogos, los investigadores”. 

Por eso, la cita de este jueves será para retarse a que los más pequeños comprendan ese mundo del que ella no se ha separado jamás: el de la investigación. “El trabajo fue siempre motivo de alegría, de gusto. No era un peso en ningún momento. Yo no concebí mi vida en ningún momento por fuera del laboratorio”, puntualiza.
Última modificación realizada el 26/08/2015 9:28 por Bibiana Andrea Mona Giraldo