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Intranet EntrenosIntranet Entrenos / NoticiasNoticias 2015OctubreEl antídoto contra la doble moral es el amor, por uno y por el otro
08/10/2015

Actualidad ​eafitense

El antídoto contra la doble moral es el amor,
por uno y por el otro


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Atreverse a Pensar nació de la preocupación de representantes estudiantiles, directivas y docentes de EAFIT por el aumento de las prácticas deshonestas en comunidades académicas del país y el mundo.

El proyecto Atreverse a Pensar invitó este miércoles 7 de octubre a reflexionar sobre por qué tenemos doble moral. E​ntre los invitados al panel estuvieron Claudia Restrepo, gerenta del Metro de Medellín, y el sacerdote Jorge Mario Naranjo.

El amor, el reconocimiento del otro y la inteligencia emocional fueron algunas de las propuestas que entregaron los conferencistas para enfrentar esas situaciones en las que la gente se ve tentada por la ilegalidad o la inmoralidad.

El amor tiene mucho que ver con Atreverse a Pensar y eso quedó claro en el más reciente conversatorio de este programa de EAFIT, que en esta oportunidad convocó a reflexionar sobre la pregunta ¿por qué tenemos doble moral?, cuestión que los panelistas trataron de resolver no solo convocando al amor, también al reconocimiento del otro y a la inteligencia emocional.

Los invitados a ofrecer sus visiones -este miércoles 7 de octubre en el Auditorio Fundadores- fueron Claudia Restrepo Montoya, gerenta del Metro de Medellín; el sacerdote Jorge Mario Naranjo Mejía, de Monticelo Casa de Espiritualidad; Javier Espitia Gómez, docente del Departamento de Ciencias Matemáticas de EAFIT; y Monserrat Ordóñez, estudiante de Psicología de la Universidad.

Antes de iniciar la moderación del diálogo, Juan Luis Mejía Arango, rector de la Institución,  contó que Atraverse a Pensar nació a finales de 2010 cuando en medio del escándalo del llamado ‘carrusel de la contratación’ en Bogotá, surgió el interrogante sobre si el sistema educativo en general era uno de los eslabones de la corrupción, flagelo que no solo se vive en Colombia si no que se extiende, tal como recordó el directivo, a países como Alemania, donde la actual Ministra de Defensa está a punto de perder su cargo por supuestamente haber cometido plagio en una de sus tesis de grado -las mismas razones por las que ya lo hicieron dos de sus pares- y donde el gigante de los automóviles Volkswagen está investigado por implementar mecanismos que engañan sobre la cantidad real de gases que emitían sus motores.

“No se trata de ser moralista si no de atreverse a pensar en esos temas”, dijo el Rector antes de lanzarle la cuestión del conversatorio al sacerdote Jorge Mario. Para el invitado la pregunta tiene implícita la verdad de que sí existe la doble moral y en su reflexión la moral es un deber hacer, un código que se debe cumplir. Ese código se cumple o no se cumple y por eso no se trata de tener dos morales, se tata de ser moral o ser inmoral.

Para el sacerdote el asunto gira alrededor del deber ser. El hombre tiene un propósito, un deber de ser feliz que se dificulta porque la sociedad ofrece indicios erróneos de dónde está la felicidad y estandariza modelos de hombres felices. Así en una época el ideal era el santo, luego el intelectual y hoy el magnate. 

Ahora se cree que ser feliz es tener dinero, poder o títulos universitarios y por eso, por creer que ahí encontrarán la felicidad, algunos hombres se olvidan de la ética, de la moral y cometen fraude o le ponen zancadillas a sus colegas. “Lo único que nos hace verdaderamente humanos es el amor, el amor que es una decisión radical de la voluntad humana y es la capacidad que tengo de dar la vida por el otro”, dijo Jorge Mario.

Esa última afirmación del sacerdote dio paso a la intervención de Claudia Restrepo, quien, precisamente, tituló Amor y razón vital una tesis con la que consiguió un posgrado en España. Ese sentimiento lo vinculó con la noción del otro pues con amor uno es capaz de ponerse en el papel del otro. Y al reconocer que soy el otro para alguien comprendo con mis acciones estoy comprometiendo la intimidad de alguien más.

El segundo punto de reflexión que compartió Claudia partió de una frase de Ortega y Gasset que reza “para quién lo pequeño no es nada, no es grande lo grande”. La citó para contar que ha presenciado que algunas personas que consideran intolerable y critican con vehemencia actos como el del ‘carrusel de la contratación’ han cometido fraudes en pruebas académicas porque las consideran menores. “A veces nos damos permisos que no somos capaces de devolver. Cuando te permites lo pequeño te das paso a lo grande”.

La coherencia fue el tercer punto de su intervención. Reconoció que ser coherente no es sencillo y contó cómo ella misma se enfrenta a veces con ese dilema cuando, aun cansada y con tacones, opta por irse en metro al trabajo a pesar de tener un vehículo particular. La gerenta viaja en el metro porque de otra manera no se sentiría coherente cuando invita a la gente a utilizar medios de transporte sostenibles. Esa coherencia a veces le genera incomodidad que enfrenta con frases como: “el amor le da sentido a todo lo que hacemos y cuando no le damos ese sentido se hace difícil ese amor”.

Parte de la intervención de Monserrat Ordóñez también giró en torno al amor. La estudiante de Psicología manifestó que para resolver la pregunta de por qué tenemos doble moral es necesario enfocarse en la cuestión y recordó cómo desde la época de los griegos el análisis de la ética y la moral llevaba a la reflexión para analizar y mirar el código. Parte de su propuesta fue apostarle al amor para tratar de entender que uno incluso puede sentir amor por personas con las que no siempre se coincidirá en asuntos esenciales. 

“La buena conciencia es la mejor almohada para dormir”. Esa frase que se le atribuye a Sócrates la mencionó al inició de su reflexión el docente Javier Espitia, quien consideró que si todos conocieran la paz que significa tener la conciencia tranquila se esforzarían más por mantenerla así.  

En estos días, cree el profesor, a la gente, a los jóvenes, se les anima más a tener éxito que a tener tranquilidad y ser felices, algo fundamental pues si se reconociera el valor de la tranquilidad serían menos los que acudirían a esa doble moral. “Que bonito cuando uno no oculta nada. Lo ideal es tener una conciencia que no moleste por nada”.

La gente cae en la intranquilidad de la doble moral por falta de inteligencia emocional. Así lo considera el profesor Javier quien explicó que algunos no tienen la capacidad de anticiparse a las consecuencias de sus actos. Recordó que como ejemplo de eso les cuenta a sus estudiantes la historia de un joven que se tomó dos tequilas, salió a conducir y terminó involucrado en un accidente donde murió un taxista, padre de tres hijos. Antes del accidente era un universitario a punto de graduarse y hoy es reconocido en la sociedad como asesino y paga cárcel.

La falta de inteligencia de la gente que toma atajos también se refleja en la incapacidad de postergar la recompensa, concepto que desarrolla Daniel Goleman en su libro La Inteligencia emocional. El docente lo explicó con un ejemplo: les dio a sus hijos un chocolate y les dijo que si no se lo comían y luego de una hora aún lo tenían les daría otro adicional. Según experimentos, explicó, los niños que son capaces de esperar el segundo chocolate desarrollan una inteligencia emocional que los hace, entre otras cosas, más tolerables a la frustración. Los estudiantes que tienen esa capacidad pueden, por ejemplo, enfrentar el temor de perder una materia antes que cometer hacer trampa.
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Última modificación realizada el 09/10/2015 9:15 por Bibiana Andrea Mona Giraldo